El mapa, el territorio y la brújula.

Alegoría, segun la Real Academia Española : Del lat. allegorĭa, y este del gr. ἀλληγορία allēgoría.

  • 1. f. Ficción en virtud de la cual un relato o una imagen representan o significan otra cosa diferente.
  • 2. f. Obra o composición literaria o artística de sentido alegórico.
  • 3. f. Ret. Plasmación en el discurso de un sentido recto y otro figurado, ambos completos, por medio de varias metáforas consecutivas, a fin de dar a entender una cosa expresando otra diferente.

Para recorrer caminando y llegar a conocer territorios de grandes magnitudes, como lo hacían los cazadores-recolectores prehistóricos, uno se debe permitir entrar en una relación particular con el tiempo. Dejar relojes y citas por atrás y atreverse por otras coordenadas espacio-temporales. Se pasa por lugares, que nunca son los mismos, se atraviesan ríos, se hacen paradas, se matiza la naturaleza, se piensan cosas.

A veces se esponja la sed directamente a las fuentes brotantes. Seguir un rumbo, desviar, perderse… aunque en grupo, re-ubicarse. Estar atrasado cuando se pone el sol, buscar el refugio de un árbol cuando llueve… Más allá de todos los acontecimientos, de todas las arrugas del terreno, de los accidentes de la caminata, se logra experienciar con paciencia la esencia del caminar. Poner un pie delante del otro y así alternativamente en un movimiento que va buscando su dinámica y su equilibrio propios. No soy yo el que se desplaza, sino que ando inmóvil sobre la cinta transportadora de la tierra.

Hay varios tipos de paisajes. Físicos, tales como desiertos, bosques, montes, pero también poéticos, emocionales, filosóficos, hasta paisajes psíquicos. Descartes, Kant, Hegel, entre otros filósofos que promueven una visión del mundo, una Weltanschauung, han dibujado extensos paisajes conceptuales por donde entramos a menudo bajo la supervisión de un guiá, sin saber a primera vista qué guión sigue el guía. Pero haber recorrido un sistema filosófico por completo, después de muchos pensamientos diurnos y nocturnos, de muchas velas y de esfuerzos intelectuales valiosos, es como llegar a la cumbre de una montaña, donde se deja ver de por arriba la larga extensión de la llanura, hasta el horizonte. Sentimiento de victoria. Al desgarrarse, las nubes permiten que se vislumbre el panorama completo, el todo del sistema filosófico, su unidad, su lógica, su organicidad, las continuidades y rupturas… “Ahora entiendo todo” es la palabra que se pronuncia en la cumbre de esas montañas al agarrar el sistema del mundo en su totalidad. (Aunque de manera más rigorosa se debería decir “Ahora veo todo”)

Pues, recorrer el territorio del pensamiento freudiano no se puede hacer persiguiendo ese paradigma. No dejó de subrayar Freud que su acercamiento a su objeto era diferente del de un filósofo. Criticó muy a menudo los hechadores de sistemas, los especuladores intelectuales tales como Jung, que no ponen enfoco suficiente en los hechos, diciendo que le están provocando un “malestar notable”(1), porque “es desagradable abandonar la observación a cambio de unas estériles disputas teóricas”(1). Pero también hay que sostenerse ante la disidencia y reconoció que “no es lícito sustraerse de un intento de clarificación.”1)

De hecho, el acercamiento freudiano parece proceder por dos caminos a la vez : Lo clínico y lo teórico, con prioridad ontológica a lo clínico. Un argumento original para negar que sus teorizaciones estén impregnadas de esta desafortunada propensión a la especulación es invocar al juez supremo de la verdad, es decir, el sueño. Que vean como yo, Feud, el individuo, soy ingenuamente desprovisto de esta tendencia en mi constitución íntima… Dice : “Herbert Silberer ha puesto en descubierto, por tanto, la contribución de la observación de sí —en el sentido del delirio paranoico de observación— a la formación del sueño. Esta contribución es inconstante; probablemente yo la descuidé por el hecho de que en mis sueños no desempeña un gran papel; en personas dotadas para la filosofía, habituadas a la introspección, quizá sea muy nítida.”(2)

¿Por donde radica la mentira en ese decir-la-verdad? ¿Por qué poner aquí en la balanza todo el peso de su persona?

Los hechos tales como se presentan en la experiencia son las “marcas” alrededor de cuales se debe tratar de armar un aparato teórico que puede cambiar o evolucionar con el tiempo. Dejaremos por al lado por el momento la cuestión de saber si los hechos existen en sí mismos, fuera de cualquier idea que los desprenda de la indistinción de lo real, fuera de cualquier teoría.

¡Vamos por el terreno! ¡A conquistar ese vasto espacio que se ofrece a nuestra hambre! Y de verdad el espacio freudiano esta bastante amplio. Tenemos problematizaciones que nos proporcionan una cantidad de vagabundeos más que suficiente. ¡Vamos!…

Pero al emprender ese camino nos queda en la mente, insistiendo, ecos de esa pregunta que acabamos de decidir dejar por al lado : “¿Sí los hechos existen en sí mismos, fuera de cualquier teoría?” ¿O más bien es la teorización freudiana que permite destacar los hechos, literalmente que permite que haya algo que se llame los hechos clínicos, que permite que aparezcan los hechos? Para continuar con nuestra alegoría del paisaje y del terreno, esto equivale a una interesante formación geológica, que podríamos nombrar un abismo, tan abismal es la cuestión. Un abismo redondo, en forma de ojo. El sexo de la tierra, o su boca… Volvamos sobre nuestros pasos antes de continuar y situémonos frente a este ojo abismal. Acerquémonos a él, con cautela y curiosidad, y veamos si podemos tirar algunas piedras para sondear su profundidad.

Lo primordial en Freud es la huella mnémica, la vivencia de placer, la marca como sería aplicada sobre la cera virgen del recién nacido por una madre-ambiante. Pero la marca no es sólo una marca, sino que da lugar a una representación, a una nueva presentación de sí misma, de otra forma. ¿Tendrá esto algo que ver con la intersubjetividad y la preexistencia de un orden simbólico? Lanzamos esta piedra al abismo y recibimos como respuesta un sonido muy debilitado, un sonido que se esta haciendo palabra… parece decir « tal vez », pero ¿cómo podemos estar completamente seguros?

También hay muchos tipos de representaciones. Hay representaciones de cosas por ejemplo (Sachen). Nos resulta difícil concebir lo que podría ser esa representación de cosa, y en principio parece mucho más sencillo tratar de representarse directamente lo que es una cosa. Sencillo hasta que nos hacemos esta sencilla pregunta: « ¿Qué es una cosa?” Otra pregunta, otra piedra arrojada al abismo del que emanan diferentes cualidades de silencio y de ruidos, todas bien enigmáticas. …¡¿Qué es una cosa!? ¿Como sostenerse frente a tal pregunta psicótica? De esa pregunta nace de repente otra : “¿Qué es una palabra?” porque esa pregunta no tiene existencia fuera de las palabras que la constituyen. ¿Qué dice el abismo? Silencio, castración, ausencia de posibilidad de representación, pura pulsión, muerte, Dios, lo incognoscible, la matriz de todo, maravilla y terror, ¿lo Inconsciente? Lo que sea…

¿Qué es una cosa?

La sostuvo esa pregunta Martín Heidegger en una serie de clases que dictó en los años 1935-1936 en la universidad de Friburgo de Brisgovia(3). Era un tiempo en que se podría suponer que había muchas otras preguntas más urgentes y practicas que resolver. Esta objeción parece tener cierta validez, y probablemente tendría aún más validez si no fuera hecha por quienes se someten celosamente a todas las exigencias de su tiempo.

Empezá Heidegger con un poco de historia de la filosofía : Acerca de esta pregunta nos ha llegado una pequeña historia que Platón recoge en su diálogo Teeteto (174 a sq.): «Se cuenta de Tales que, dirigiendo su mirada hacia las alturas mientras se ocupaba de la bóveda celeste, cayó en un pozo. Una hermosa y divertida sirvienta tracia rió y comentó que él quería con tal pasión conocer las cosas del cielo, que le permanecía oculto lo que tenía ante las narices y los pies.» Platón agrega al relato de esta historia la siguiente sentencia: «La misma burla se adecúa a cuantos se implican en la filosofía.» La pregunta «¿qué es una cosa?» debemos determinarla, entonces, como aquella pregunta de la que ríen las sirvientas. Y una buena sirvienta ha de tener también de qué reírse. Goce de la risa haciendo eco al goce del saber. No dice Platón como se terminó la historia de Tales, de la sirvienta y del pozo, pero es probable que ella terminó por echarle una mano socorrable para sacarle de ese malpaso y que los dos, sirvienta y sabio retomaron sus rutinas y siguieron viviendo sus vidas de la misma manera que antes. “Aquí, como siempre ocurre en el ámbito de la libido, el hombre se ha mostrado incapaz de renunciar a la satisfacción de que gozó una vez.”(4) La libido esta bien viscosa.

¿Qué es una cosa?

Me quedo frente al abismo de esa pregunta. Aquí me coloco o a lo menos aquí lo coloco ese personaje que es mi representante en la alegoría, y con quien me identifico. Llamémoslo“Ψ”.

Y Ψ va pensando : “Si las cosas son incognoscibles, y si solamente hay representaciones de cosas, sistema de signos donde los signos solo remiten a otros signos y nunca alcanzan a las cosas mismas, ¿como se hace que una tal pregunta, ¿Qué es una cosa? pueda existir?” Peligrosamente atraído por el vació, cuestionar el ser es un poco como cuestionar la nada. ¿Caerá Ψ, como Tales, al fondo del pozo, se fundirá voluntariamente en el abismo? ¿Va a dejar libre paso a su goce y llegar directamente al fin por el camino lo más corto : la caída en la muerte? Como diría Freud, aquí necesita Ψ “una nueva acción psíquica”(5).

En virtud de esta alegoría del camino y del territorio, imaginaremos que en este pozo donde Ψ hunde sus pensamientos dolorosos, se acumula de repente una gran cantidad de agua. Probablemente ha llovido de forma tan repentina como inesperada, y cuando vuelve a estar en calma, el puede contemplar su imagen en la tranquila superficie del espejo líquido. En este momento se produce un cambio de nombre de nuestro personaje. A partir de ahora le llamaremos “Nar-Ψ-so”.

Elección de objeto y identificación. O sea, son dos actos psíquicos distintos, no solamente uno. Uno de los ingredientes que hace que la historia de Ovidio sea tan poética y fresca es que Narciso (el de Ovidio) nunca consigue identificarse con su imagen, no realiza el secundo acto. ¡Cuántos besos inútiles dio a la fuente mentirosa! ¡Cuántas veces hundió los brazos en el agua para apoderarse del cuello que veía, y no se atrapó en ella! No sabe lo que ve ; pero se abrasa por aquello que ve, y el mismo error que engaña a sus ojos los incita.(6) La experiencia no produce ningún Yo ideal. Solo hay elección de objeto, un objeto que le esta huyendo de la misma manera que el huyó a los acercamientos de Eco. Repeticiones, duplicaciones de imágenes así como de sonidos. Huellas que generan huellas, alucinaciones.

Aquí nos permitimos -porque estamos en la fantasía y eso se hace en las fantasías, una intervención de carácter divino-mágico y hablamos directamente a Nar-Ψ-so (el nuestro) : “¡Oye chaparrito! ¡no te hagas loquito! ¿No te das cuenta? ¡Eso es tu!” Palabra y cosa en la misma imagen. El me escuchó y ahora nos ve en la superficie liquida, yo detrás de el y ustedes amables lectores, siguiéndome, inclinados sobre su extraño caso. En un gesto lacaniano, da vuelta a su cabeza para mirarnos de frente. Y me habla :

-¿Porqué me pusiste ese nombre tan ridículo?

-Quise imponerte una marca significativa.

-¿Y ahora qué? Dibujaste ese paisaje para mi pero no me antoja caminar por él. La vida no vale nada.

-¿Qué es lo que le reprochas al paisaje? ¿Crees que no es lo suficientemente grande, que no es lo suficientemente diverso?

-Es un desierto. Un viaje que comienza en el desemparo y termina en la soledad sólo puede pasar por un desierto.

-He sembrado mil curiosidades increíbles que te distraerán de la nostalgia de lo que dejaste al nacer.

-Encontraré en todas partes de ese territorio, en todo lo que estaré lo suficientemente débil para amar, esa imagen ideal de mí mismo que tú pusiste en el fondo del pozo, y reflexionaré amargamente que no sólo se repite al identico en todos los lugares por donde voy, sino que además no es más que la máscara de una espantosa nada.

-¿Quieres decir que la imagen del Yo, que por el mero hecho de ser imagen es un Yo ideal, tiene este valor saludable, expresado en la asunción jubilosa, pero permanece en relación con un déficit de relación con el objeto, una brecha mortífera original a la que queda ligada en su estructura?(7)

-Así es. Y mientras estas “mil curiosidades increíbles” que me quieres vender, hay ese abismo. ¿Sabes lo que dicen los físicos a proposito de los agujeros negros?

-Me muero de curiosidad.

-Que no es exacto que son huecos en el espacio sino que es el espacio como tal que esta desapareciendo a dentro de ellos.

-¿Te gusta la ciencia dura?

-¡La ciencia de tu mente! ¿Porqué hiciste ese abismo que es la mera negación de lo que existe, o sea de todo lo que pusiste en ese paisaje? Tus “mil curiosidades increíbles” no valen nada si hay ese abismo donde se invagina todo lo que existe.

-Pues ese abismo fue sólo Zur EinführungPara introducir el narcisismo, pero hay más, ¡hay el amor!

-Se añade la ironía a la crueldad…

-Mira, te hago esta promesa: he puesto en tu camino ciertos objetos, objetos de amor, que te deleitarán y te distraerán de ti mismo. Merece la pena vivir esta aventura.

-Las promesas sólo se hacen a quienes las creen. No contento con obtener un placer perverso en el espectáculo de mi desesperación, me comprometes con tu palabra a revolcarme en la mentira. Ya lo sabes que todo objeto es un objeto perdido. Siento que estoy a punto de retraer grandes cantidades de libido homosexual que invertí en ti.

-Estas libre de hacer lo que quieras, pero esas cantidades de libido que me estás quitando, tendrás que destinarlas a otra cosa.

-Ya sé, ya sé… Las opciones estructurales son pocas. Solo se trata de eligir a su enfermedad. Escoger un trastorno y pretender tener el deseo de sanarse. Cara y cruz.

-C’est la vie.

-¿Cuánto cobras?

-Una parte de ti mismo. Ese es el precio de no hundirse del todo en el pozo sin fondo. -No te molestes. Guarda tus justificaciones para otra persona. ¡Carajo! Esta alegoría no rima con alegría.

-Ves… ¡Te está empezando a gustar!

Viéndolo alejarse por los caminos de su destino, mientras se escuchaban los ecos difuminados de la risa de la sirvienta, me quedé pensando: “Casi envió a toda mi creación a arder en el infierno. Pero al final, he conseguido que se lleve el anzuelo… Nar-Ψ-so… ¿de qué origen sera ese nombre?”

Y salí de esta alegoría con el corazón contento y un cierto je-ne-sais-quoi en lo más profundo de mi ser que me acompañaba. Es cierto que la vida sólo tiene el sentido que le queremos dar y también es cierto que las promesas a menudo no se cumplen, pero ¿debemos lamentarnos por ello en interminables quejas? Es un arte extraño mostrar un camino sin saber a dónde conduce, sanar sin enderezar, acompañar sin sustituir, poner de relieve sin juzgar. Fue mientras revolvía todo esto en el fondo de mi mente que un pensamiento acabó de repente con mi tranquilidad.
-¡Maldito sea! ¡Olvidé darle la brújula!

  • (1) Freud, Introducción del narcisismo, Amorrortu Editores (1992), tomo XIV, p. 74
  • (2) Freud, ibid, p. 94
  • (3) Martin Heidegger, La pregunta por la cosa; Hyspamerica Ediciones Argentina, S.A, Tr Eduardo García Belsunce y Zoltan Szankay; Buenos Aires, 1975.
  • (4) Freud, ibid, p. 91
  • (5) Freud, ibid, p. 74
  • (6) Ovidio, Metamorfosis, libro III, Eco y Narciso
  • (7) Jacques Lacan, El seminario I. Los escritos técnicos. 7 de julio 1954. (cita libremente reordenada)